18.6.10

Muñeco Encadenado

-No.
-Entonces, ¿por qué no le ayudas?

-Porque no puedo ayudarle.

-Porque tienes miedo de ayudarle.

-No tengo miedo de nada.

-Bill sufrirá. – volvió a repetir, y yo me puso rojo. Estaba sudando como un pollo y seguía sin saber por qué. Tal vez porque me estaba irritando.

-Pues que sufra, lo prefiero.

-¿Prefieres que sufra él a que…?

-Me da igual que sufra.

-No te da igual, Tom.

-Sí que me da igual.

-Has dicho hace un momento que no.

-Pues ahora digo que sí.

-Te contradices, Tom.

-¿¡Y qué!? – grité y la gente se volvió para mirarnos. Nos volvieron a sisear y yo apreté la mandíbula. Entonces, el doctor repitió.

– Bill sufrirá. – y yo grité.

-¿¡Y si sufro yo, qué!? ¡Bill tiene familia y gente que le quiere, yo no! Si Bill me deja, ¿¡Qué pasará conmigo!? – y aunque la bibliotecaria se nos acercó para decirnos amablemente que por favor, abandonáramos la biblioteca, el doctor, entre avergonzado y contento, me sonrió.

 ···

-¿En qué piensas cuando me gritas? – eso no necesitó ni un segundo para pensárselo.
-En que no me entiendes, y en que quiero que me entiendas.

-¿Qué es lo que no entiendo?

-A mí. A todo yo.

-A tu manera de pensar… ¿de sentir?

-Sí.

-¿Y cuando no me gritas? ¿En qué piensas?

-…En que tengo que gritarte.

-¿Por qué?

-Porque si no te grito, no me haré notar. Y si no me hago notar… - vaciló. – Tú te irás.

-¿Y por qué iba a irme yo? Si quisiera hacerlo, ya lo habría hecho ¿no crees? 



Sarae. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario